Cuando se abrieron las inscripciones para integrar el PSUV se inscribieron cerca de 7 millones de ciudadanos. ¿Eran todos realmente chavistas? ¿Eran todos revolucionarios? De seguro que no. Es probable que un alto número de ellos, digamos que un millón, se hayan inscrito por conveniencia, por aquello de que “lo que no mata engorda”, es decir, pertenecer al PSUV no los beneficia ni los perjudica, pero a la hora de la chiquiticas, pudiera ayudar estar inscrito en el PSUV, especialmente cuando se es un profesional universitario, recién graduado, y en busca de un empleo.
Los noveles profesionales que aparezcan en la lista de Tascón y no estén inscritos en el PSUV, será muy difícil que entren a una oficina gubernamental o relacionada con el gobierno. No es necesario ser adivino para saber eso. El PSUV, en este aspecto, no puede ser diferente a Acción Democrática o Copei, para sólo mencionar los partidos que han gobernado en Venezuela. Recuerden que los chavistas no vinieron del espacio exterior.
Este grupo de pesuvistas podría votar por la oposición, sabiendo que el voto es secreto. Sin embargo, aunque no es fiel cien por cien, podría votar más por el chavismo que por la oposición. Pero su motivación es mínima.
Así que nos quedarían un número de 6 millones de chavistas confesos: un grupo más o menos firme, duro (convictos y confesos: 5,5 millones el 26/9), y otro grupo light (confesos solamente). Este último, también podría considerarse “de conveniencia”, pero más inclinado hacia el socialismo, que el anterior. Este es un grupo fluctuante. Si está molesto con el presidente, deja de votar, pasa a engrosar la abstención, pero no vota por la oposición.
En las elecciones del 26 de septiembre, hubo una merma de 1.500.000 electores de los inscritos en el PSUV, que perfectamente podrían estar ubicados en los dos grupos anteriores.
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